“SANTA EULALIA”, Jóven mártir de los primeros siglos

“SANTA EULALIA”, Jóven mártir de los primeros siglos

Eulalia nació en Hispania en el año 290 d.C. en el seno de una acomodada familia que se había acogido a la fe cristiana, en una época que el cristianismo todavía estaba perseguido (la libertad de culto no llegaría hasta el año 313 con el Edicto de Milán).


Esta valiente niña mártir es muy conocida y querida en España, en especial en Mérida, pero también en Andalucía, en Murcia y en Asturias. La encontraremos en las tradiciones populares con el nombre original de Eulalia («de hermoso hablar»), Olalla u Olaya. El primer poema completo en lengua ástur que se conserva, del siglo XVII, está referido a esta santa, y trata de la cuestión de las reliquias de Eulalia, que están -incluso hasta la actualidad- en Oviedo. Su culto se extendió también fuera de las fronteras de España. Era conocida en África, donde san Agustín predicó un sermón en su homenaje (313G); también Beda el Venerable la menciona en el himno que compuso en honor de santa Etelreda y san Adelmo, y el poema francés más antiguo que existe, la «Cantiléne de Sainte Eulalie», del siglo IX, relata la vida de la santa.

Su martirio se nos narra en uno de los poemas de Prudencio «Peristephanon» («Sobre las coronas», dedicados a los mártires): el martirio de santa Eulalia ocupa el Canto III. Puesto que se puede datar el poema de Prudencio como anterior al 410, podemos asegurarnos de que escribía acerca de una tradición que él mismo pudo haber recibido de primera mano, y nos muestra también que el culto de la mártir gozaba ya para esa época de difusión entre las grandes historias que circulaban.

Siendo una joven adolescente de trece años de edad (año 303) Eulalia decidió presentarse frente a Publio Daciano, prefecto romano en Hispania que debía hacer cumplir los edictos del emperador Diocleciano.

Eulalia quería hacer saber a Daciano su malestar y protesta por la persecución a la que habían sido sometidos los cristianos y da un testimonio público en favor de los cristianos:

«Os ruego respondáis: ¿qué significa
ese furioso empeño, que a las almas
de perdición en el tremendo abismo
anhela ver al fin, precipitadas;
y a corazones, de su ruina pródigos,
al escollo de eterno mal arrastra?
Negar a Dios, omnipotente Padre,
¿no es el colmo, decidme, de la insania?
[…] Isis, Apolo, Venus; todos estos,
y el mismo Maximiano, ¿qué son? nada.
Aquellos porque son sólo figuras
hechas por mano humana,
éste porque a las frívolas hechuras,
de las manos adora y las ensalza.
Nada son ambas cosas:
una y otra son fútiles y vanas.

Maximiano, que es dueño de riquezas,
y a las piedras, no obstante, sirve y ama,
prostituya y ofrezca su persona
a sus númenes: sea. Mas, ¿qué alcanza
con afligir, injusto,
y molestar a generosas almas?»

Esto hace encolerizar al prefecto que ordenó apresarla y someterla a trece martirios, que eran tantos como años tenía la muchacha.

Así fue como la joven padeció trece dolorosas y horripilantes torturas que fueron desde azotarla a desgarrarle la piel con ganchos, quemarle los pechos, colocarla de pie sobre brasas, hacerla rodar en un tonel lleno de cristales y objetos punzantes o crucificarla hasta hacerla morir.

A partir de ahí surgieron infinidad de leyendas e historias alrededor de la joven Eulalia, quien fue canonizada en el año 633, apareciendo diferentes versiones sobre la vida de esta y, sobre todo, situándola en distintas ubicaciones: por un lado Barcino (Barcelona) y por otro en Augusta Emerita (actual Mérida, en Extremadura, donde también es patrona de la ciudad). En esta última es conocida como Santa Eulalia de Mérida pero su festividad se celebra el 10 de diciembre, relatando sobre la vida de esta prácticamente lo mismo que de Santa Eulalia de Barcelona. Hoy en día hay más expertos que apuntan a que Eulalia nació y murió en la población extremeña y que la historia sobre su vida no llegó hasta la Ciudad Condal tres siglos después.

 

Oracion

Joven mártir Eulalia, a tu protección encomendamos

tantas personas que en este tiempo tienen

que enfrentarse, no ya a los perseguidores que matan

a quienes se niegan a ofrecer sacrificios a los ídolos,

sino que tienen que oponerse a quienes quieren que

dediquen su vida a la sensualidad, a las drogas, a los

vicios, a las malas amistades y al pecado, que son

monstruos mucho peores que los ídolos, y son

perseguidores más crueles que los que mataban el

cuerpo, porque lo que ellos matan es la vida del alma.

Santa Eulalia, te encomendamos a nuestra juventud

que vive en medio de tantos peligros y que corre cada

día el riesgo de ser infiel a Cristo. Que de tan grandes

peligros nos libre siempre tu santa intercesión.

Por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina,

Amén

 

 

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